Barón de Filar una fábula de vino

Barón de Filar una fábula de vino
08/11/2017 BodegasSalas

Erase una vez, y mentira no es, que en La Ribera del Duero vivió un bodeguero singular de los de barrica en arpillera, viñedos de altura y triplano volador. Esta es la historia de un guerrero que después de la Gran Guerra busca reposo y refugio entre viñedos y continúa su lucha, una lucha bien distinta. German Von Tragüen, fue uno de los mejores aviadores del ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial. Formó parte del famoso Circo Volador, liderado por Manfred von Richthofen y terror de los cielos en Europa. Tras la Gran Guerra, German se retiró con su triplano Fokker Dr. I y comenzó a volar por todo el mundo. Un buen día, sobrevolando la Península Ibérica, encontró un lugar que le llamó la atención, los viñedos de Peñafiel. Y no pudo evitar aterrizar entre las viñas. Al levantar la mirada y vislumbrar entre los pámpanos enredados de un viejo viñedo el majestuoso Castillo de Peñafiel, nuestro amigo German supo que su destino era asentarse en ese maravilloso lugar y desarrollar su pasión desconocida: el vino.

Se afincó en el pueblo de Peñafiel y comenzó a adquirir viñedos y terrenos para incrementar sus plantaciones. Además de la Tinta Fina de la Ribera del Duero, trajo desde la vecina Francia, sobre la que tantas veces había surcado los cielos, esquejes de Cabernet Sauvignon y Merlot. Entonces comenzó otra lucha. Pero una lucha muy diferente a la que estaba acostumbrado nuestro insigne piloto. Los lugareños le apodaron Barón de Filar, puesto que pocas semanas antes de la vendimia, estos brindaron su ayuda a German “hilando” sus cestas.

Una vez se dispuso a cultivar y trabajar su viñedo, se dio cuenta de la singularidad que representaba la Ribera del Duero. Viñedos cultivados en un clima extremo, frío invierno y un asfixiante verano. Primaveras hermosas con nuevos peligros que no conocía. La incertidumbre se le apareció en forma de heladas. Además, algún que otro verano los pedriscos y el granizo le causaron no pocos dolores de cabeza. Y algún que otro año, la cosecha peligró por culpa del frío matutino del otoño.

Pero la pasión de German no permitió que diera su brazo a torcer y continuó trabajando duramente para cumplir su sueño realidad. Algunos años más tarde, la habitual pista de aterrizaje del Barón llegó a ser conocida como La Milla de Oro de La Ribera de Duero.

El Barón de Filar continuó sobrevolando por el valle del Duero en busca de parajes especiales que pudieran servir para ampliar sus viñedos, buscando siempre localizaciones donde la vid pudiera dar su máxima expresión.Encontró parcelas en ladera, alrededor de 1.000m. de altitud que favorecían una maduración lenta y completa además de alejarse de las temidas heladas. En uno de sus vuelos, llegó a Nava del Rey, aguas abajo del Duero. Lugar que años más tarde se hizo famoso por sus vinos blancos de una variedad que los lugareños denominaban Verdejo, por el tono verdoso que mantenía incluso cuando estaba madura. Así que decidió comenzar a elaborar vinos con estos viñedos tan distantes, pero con un denominador común, el Río Duero.

Así nacieron sus vinos: